El objetivo

Una radio de fondo, un hombre hablando por teléfono con su voz que cuenta una historia que nace del otro lado de la cordillera de los Andes. Un viejo, de esos a los que uno llama viejo porque lleva una hermosa vejez encima, que mira por la ventana del Café Roma, y creo que se llama Jesús y atiende este lugar. Y es asturiano, me acaba de contar, mientras calculamos distancias de sus pagos con los de mi familia de la zona de León. El gusto a café en la boca, en silencio, con el tiempo suficiente para digerir un pebete tostado de jamón y queso en tranquilidad. Autos y gentes que avanzan en una dirección. Un semáforo que cambia sus luces y ahora autos y gentes que avanzan en otra dirección. Alguien está en un kiosco dispuesto a atender a algún cliente, pero ninguno entra. Taxis libres y taxis ocupados, esperando el semáforo. Obreros con sus cascos y sus arneses yendo a alguna parte, un abuelo yendo a ninguna y chicos saliendo de la escuela, de educación judía a juzgar por esos discos de tela que llevan en la cabeza y cuyo nombre no quiero arriesgarme a escribir erróneamente. En mi testa, calva, se verían graciosos. Un muchacho de aspecto muy oriental que podría ser chino, coreano, vietnamita o argentino. Una hermosa bebé en su carrito propulsado a madre. Un edificio que habrá sido lindo en su época pero que hoy ya se ve más bien feo. Otro edificio en frente de ese que habrá sido bastante normal en su época, pero que hoy se ve hermoso. Un grafitti dice JULIAN, en mayúsculas y sin el acento, y vaya uno a saber qué fue de la vida de ese muchacho. Una de las esquinas de Anchorena y San Luis que tapiaron con ladrillos, pero le dejaron la marquesina de CENTRO NEBULIZADOR Y ORTOPEDIA. Arriba, su “dueño vende” ese local cerrado con su casa encima, 150m2 de terreno “ideal para emprendimiento a construir”, y si le hacen caso tendremos un palomar más en esta apilada ciudad en lugar de este regio ph con balcón francés de esos que diariamente se tiran abajo. Un contenedor de basura encerrado por dos autos que no respetan la distancia exigida, porque ¿cómo estacionar en los lugares permitidos si hay más autos que lugares? Una chica tomando un helado en un día que no lo es tanto. Chicos que ahora se transforman en clientes de aquel kiosco.

Una ambulancia haciendo luces y siendo parte quizás del principio o del final de alguna vida, de una de esas tantas vidas que me pasan de costado en este momento, mientras paso mi propio tiempo.

Ver suceder la vida es hermoso. Vivirla es urgente. Solo nos resta el objetivo de construir un mundo donde estas personas y todas las demás puedan ser felices y libres, sin importar dónde o cómo nacieron. No podemos, no debemos, dejar de pelear por eso hasta volverlo realidad.

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